Día de casi soledad, noche de soledad. El camino no se aleja, se alejan los pasos perdidos, los pasos que se guían bajo otro sendero, pero en el mismo firmamento, bajo la misma sombra que abraza toda vi visión, toda la esfera que alcanzo a visualizar borrosamente. La irrazonable duda del voluntario camino al precipicio, de la propia voluntad de anclarme al hierro. Hoy esa voz vuelve una vez más, no sé cuánto es que tendrá que volver y cuándo ya no lo hará... ¿Cuándo es que las horas no vivirán más?
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